Aparece el cuerpo masacrado del cantante popular Victor Jara. Fue asesinado en el Estadio Nacional, donde tantas veces había cantado.
La diferencia era que ésta vez estaba cubierto de sangre, torturado.
Días después del golpe, el Estadio Nacional estaba lleno de “detenidos”.
Los dividieron en grupos de alrededor de doscientos, preparándolos para un eventual traslado.
Dicen que fue en ese momento cuando Víctor preguntó a sus amigos si alguien tenia lápiz y papel, y comenzó a escribir su última canción.
Al llegar a los últimos versos lo interrumpió un grupo de guardias que fue a buscarlo y lo separó de los que estaban a punto de ser trasladados.
Víctor le pasó el papelito a un compañero sentado a su lado y éste lo escondió en una media.
Cada uno de los que allí quedaron intentó aprenderse de memoria esas palabras para que fueran conocidas por el mundo si lograban salir de allí.
Luego de destrozarle las manos a golpes de culata y balearle las piernas, los militares lo dejaron desangrar hasta morir.
La mañana del domingo 16 de septiembre los habitantes de una población cercana encontraron seis cadáveres yaciendo en ordenada fila al borde del camino.
Todos tenían heridas espantosas y habían sido baleados con metralleta.
Uno de ellos era Víctor, que escribió antes de morir
¿Cuantos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
¡Canto, qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos
Momentos del infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi, lo que he sentido y lo que siento harán brotar el momento..."

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